IMPORTANCIA DE LA TERMINOLOGÍA

La terminología por definición de la Real Academia Española es el conjunto de términos o vocablos propios de determinada profesión, ciencia o materia.

Con la terminología, además de ordenar el pensamiento, los especialistas transfieren el conocimiento sobre una materia, en una o más lenguas, y estructuran también la información en textos especializados, es por tanto, la base de la comunicación entre profesionales.1

Según Alpízar, la terminología es la rama de las ciencias del lenguaje que tiene como objeto de estudio el sistema conceptual de una o varias esferas de actividad especializada, las relaciones entre los elementos que lo componen y las formas en que se denominan, junto a las propias formas de denominación y las relaciones que se establecen entre ellas como elementos de un sistema lingüístico y entre ellas y el sistema de conceptos que denominan.2

Los traductores a menudo tenemos que trabajar con un lenguaje muy especializado. Esto es especialmente cierto en el caso de la traducción de documentos técnicos y científicos que contienen muchos términos específicos. Uno de los principales desafíos para un traductor profesional consiste en tratar de encontrar un término equivalente en el idioma de destino que tenga exactamente el mismo significado en el contexto pertinente. Aquí es donde la terminología resulta útil y a la vez complicada.

Y es que resulta tan complicada porque en ocasiones un mismo término puede tener un impacto enorme en el desarrollo de una actividad. La elección de uno u otro puede tener consecuencias extremas dependiendo de cómo se haya definido el término en cuestión pues el lenguaje está en estrecha relación con la metodología de la ciencia, no solo al describir el que hacer del científico, sino que además contribuye a determinarlo. Por eso y tal como manifiesta Gutiérrez Rodilla3 el lenguaje y la terminología de una ciencia no puede estar aislados.

Un traductor especializado, sin conocer la terminología del ámbito de la especialidad al que pertenece el texto que traduce, no podría realizar su labor. Esto se debe a que el nivel cognitivo de los textos especializados está en relación proporcional con la cantidad de terminología así como del grado de compresión estructural y textual de esta.  El traductor, por tanto, asume el reto de producir un texto especializado, mediante el conocimiento de la materia específica, controlando su contenido y manejando la terminología que lo expresa.

Dicho esto, no cabe duda que el traductor debe manejar la terminología adecuada para cada traducción y en eso hacen mucho énfasis las agencias de traducción a las cuales prestan sus servicios y así poder ofrecer servicios de calidad como SMARTLATION.COM, compañía dedicada a estos servicios y quien contrata únicamente traductores profesionales experimentados a fin de garantizar precisión y calidad.

Gestionar terminología en el proceso de traducción para conseguir un texto de calidad no es opción, es una exigencia. El traductor siempre necesitará tener conocimientos de terminología: qué es la terminología, cómo se reconoce, qué es un problema terminológico en la traducción de un texto, qué tipos de problemas terminológicos puede plantear una traducción, cómo resolverlos, o qué condiciones hay que respetar para resolver terminológicamente un problema.

Entonces, ¿cómo trata estas situaciones un traductor profesional? A decir verdad, los primeros contactos con traducciones científicas que muestran un vocabulario específico pueden resultar complicados, y por lo tanto nos obliga a familiarizarnos con estas palabras lo antes posible.

Lo primero es familiarizarse con el vocabulario específico.

Como mencionamos al principio de este texto, no es raro que los traductores nos veamos en la necesidad de traducir textos procedentes de áreas profesionales con una terminología específica que, de no estar familiarizados con ella, puede resultar desastrosa. Para afrontar estos proyectos de forma eficaz, la clave es acostumbrarse a la terminología para entenderla y traducirla correctamente.

El ingrediente principal para una traducción adecuada de textos con terminología específica viene con el hecho de entender su significado y sus términos. Para ello, deberíamos iniciar un proceso de investigación y ponernos en contacto con las palabras y el contexto en el que se encuentran. En otras palabras, llevar a cabo una investigación terminológica. Debemos, además, tener siempre en cuenta diferentes tipos de fuentes como glosarios y diccionarios, como ayuda en caso de que se detecte alguna falta de conocimiento o información sobre algunos términos. Dependiendo de la naturaleza del proyecto, muchos traductores prefieren crear su propio glosario de términos técnicos para cada caso en particular. Para ello, lo principal es analizar en primer lugar si vale la pena, dependiendo del tipo de trabajo, y luego gestionar eficientemente nuestro tiempo para proporcionar excelentes resultados.

No hay excusa para que el traductor no trabaje en terminología. Para poder hacer un buen manejo de esta, necesita conocer suficientemente la materia que está traduciendo así como los métodos de trabajo que le permitan elaborar un producto de acuerdo con los principios de la actividad terminológica y no de la actividad traductora propiamente dicho.

A modo de concluir podemos decir, que el manejo de la terminología debe

  • Ser apropiado para una situación dada
  • Ser coherente con la finalidad prevista
  • Ser Sea adecuado a los receptores a los que va dirigido

Todas las lenguas usan terminología (en el sentido de unidades lexicalizadas precisas) cuando necesitan comunicar un conocimiento específico. No existe especialidad alguna que, como hemos dicho antes, no posea unidades específicas que denominen sus conceptos. Y estas unidades son los términos. Por tanto, el conjunto de los términos usados específicamente en un ámbito constituye la terminología de este ámbito.

 

Referencias

1 Cabré MT. Terminología y comunicación especializada. En: La terminología: teoría, metodología, aplicaciones. Barcelona: Antártida; 1993. p. 106-20.

2 Alpízar Castillo R. El léxico de la terminología. Intento de la sistematización. La Habana: Academia; 1995.

3 Gutiérrez B. El lenguaje científico y el lenguaje común. En: La ciencia empieza en la palabra. Análisis e historia del lenguaje científico. Barcelona: Península; 1999. p. 48-62.